“Comer más de la mitad de las calorías diarias después de las 17 horas es sinónimo de una peor salud metabólica, mayor riesgo de diabetes tipo 2 y de enfermedad cardiovascular”
La investigadora en la Universidad de Columbia y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya Diana Díaz-Rizzolo, doctora e investigadora, asegura que no sólo es importante lo que se come o la cantidad, sino también cuándo lo hacemos.
Hasta hace relativamente poco tiempo al hablar de todo lo referente a la nutrición, normalmente solíamos prestarle sólo atención a aspectos como la calidad y la cantidad de lo que ingerimos, pero cada vez existen más evidencias y estudios que demuestran que también es importante cuándo lo hacemos.
Y lo es porque nos regimos por el ciclo luz-oscuridad, que regula nuestros ritmos circadianos, es decir, una serie de relojes biológicos internos de aproximadamente 24 horas que controlan funciones como el sueño, la secreción hormonal, la temperatura corporal o el metabolismo.
El problema de una dieta nocturna
Así pues, adherirnos a un patrón alimentario equilibrado es fundamental ya que incorporar los nutrientes esenciales a través de ingredientes naturales sigue siendo vital para nuestro bienestar, pero no es menos cierto que el hecho de comer esos alimentos antes o después, incluso si son sanos, puede marcar la diferencia porque cuando es de noche nos volvemos menos tolerantes a la glucosa.
“Cuando comemos glucosa por la noche el pico que vamos a tener es más alto y, sobre todo, más sostenido, porque la melatonina le manda un mensaje al páncreas para dejar de producir insulina al ritmo normal de las horas de luz. Manda el mensaje de que es hora de descansar y que no es momento seguir comiendo”, explica la doctora Diana Díaz-Rizzolo en el podcast ‘Tiene sentido’.
“De hecho, hicimos un estudio en el que dividimos a los participantes en función de si llevaban un dieta habitualmente diurna o nocturna, es decir si ingerían al menos la mitad de las calorías del día antes de las 17 horas o después. Comer a partir de esa hora no es el problema, el problema viene cuando ingieres más de la mitad de la energía diaria porque es un montón”, añade la investigadora en la Universidad de Columbia y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya.
No en vano, una vez analizados los datos del trabajo publicado en Nutrition & Diabetes, el equipo de investigadores del que formaba parte la doctora Díaz-Rizzolo pudo concluir algo de suma importancia. “Las personas que comían más de la mitad de las calorías después de las 17 horas, tenían una peor salud metabólica. Eso se traduce en más riesgo de diabetes tipo 2 y, sobre todo más riesgo de enfermedad cardiovascular”, afirma la investigadora.
“Y eso sucedía incluso cuando ajustamos por peso, edad, sexo o hábitos de vida. Es decir, comían lo mismo, dormían lo mismo… todo era igual pero lo único que cambiaba eran las cuando comían las calorías. Y el pronóstico de salud de los comedores nocturnos era peor”, concluye.
En definitiva, si tienes costumbre de llevar la mayor parte de lo que comes a la segunda parte del día quizá deberías, en base a lo que comenta la experta, tratar de adelantar en la medida de lo posible esa ingesta para evitar riesgos potenciales de salud.

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